6:30 AM
Despertás. La alarma suena. Golpeás el aparato. El teléfono vibra. Tres notificaciones. Siete emails. Doce mensajes sin leer. Aún no abriste los ojos.
Abrís los ojos. La pantalla a veinte centímetros de tu cara. Azul. Blanca. Scroll. Una guerra. Un incendio. Un tutorial. Una teoría conspirativa. Un perro. Scroll. Un thread sobre trauma. Una promoción. Alguien en Bali. Vos en la cama. Scroll. Alguien murió. Alguien se comprometió. Alguien lanzó un curso. Scroll. Una oferta. Un descuento. Urgente. Últimas horas. Scroll.
6:45 AM
Orinas mirando el teléfono. Notificación. Like. Comentario. Reply. Alguien respondió algo que dijiste hace tres días. No te acordás qué dijiste. No importa. Respondés. Emoji. Pulgar arriba. Corazón. Ponés un podcast. Subís el volumen. Empezás la ducha.
7:15 AM
Desayunás mirando el teléfono. Café frío. Pan tostado que no masticás bien. Scroll. TikTok. Quince segundos. Treinta segundos. Un minuto. Cinco minutos. Veinte minutos. Te olvidaste del café. El café siempre está frío.
Te vestís. El teléfono vibra en tu bolsillo. WhatsApp. Grupo del trabajo. Alguien llega tarde. Alguien no llega. Alguien pregunta algo obvio. Nadie responde. Todos leen. Nadie responde.
Salís. Calle. Ruido. Autos. Motos. Obras. Taladros. Bocinas. Gritos. Publicidad en cada pared. Cada poste. Cada pantalla. Compra. Consume. Ahorra. Invierte. Crece. Sé mejor. Sé más. Sé.
8:00 AM
Subte. Cuerpos. Demasiados cuerpos. Olés a otras personas. Sudor. Perfume barato. Café. Tabaco. Otras personas te huelen. Tu sudor. Tu perfume. Tu café. Tu tabaco. Todos fingen que no están tocándose. Que no respiran el mismo aire viciado. Auriculares. Podcast. Música. Audiolibro. Algo. Cualquier cosa para no pensar. El podcast habla de productividad. De optimización. De cómo ser mejor. Ganar más. Dormir menos. Aprovechar el tiempo. El tiempo que perdés escuchando cómo no perder tiempo. Publicidades en toda la pared del vagón. Una hipoteca. Una cerveza. Una app que resuelve tu ansiedad. Otra app para invertir. Para multiplicar. Para crecer. No tenés dinero para invertir. Tenés deudas. La hipoteca es para gente que no sos vos. La cerveza la vas a tomar. La app de ansiedad la vas a descargar. No la vas a usar. Va a quedar ahí. Notificaciones. Recordatorios. ¿Cómo te sentís hoy? No sabés. Ignorás la notificación.
8:45 AM
Estación. Salís entre empujones. Todos corren. Todos llegan tarde. Escaleras. Gente subiendo. Gente bajando. Choque. Disculpa. Perdón. Nadie mira. Todos miran el teléfono. En la calle, más ruido. Un vendedor te ofrece algo. Lo ignorás. Otro vendedor. Le mentís. Una encuesta. La ignorás. Alguien pide plata. Le mentís. Ignorás. Mentís. Ignorás. Mentís. Tardaste cuarenta y cinco minutos. Cuarenta y cinco minutos de ruido. Empujones. Olores. Gente. Estás exhausto. No trabajaste. Estás exhausto.
10:00 AM
Prendés la computadora. Treinta y dos notificaciones. Slack. Teams. Email. WhatsApp. LinkedIn. Instagram se coló. Twitter se coló. Todo abierto. Todo pidiendo atención. Todo urgente. Email. Catorce sin leer. Spam. Promoción. Newsletter que no pediste. Reunión. Cambio de reunión. Cancelación de reunión. Nueva reunión. FYI. FYA. CC. CCO. Reply all. Nadie debió hacer reply all. Slack. Ocho canales. Cuarenta mensajes sin leer. General. Random. Proyectos. Urgente. Nada es urgente. Todo es urgente. @channel. @here. @everyone. Todos molestan a todos. Alguien puso un meme. Tres personas reaccionaron. Emoji risa. Vos también reaccionás. Emoji risa. No te reíste.
Meeting. Zoom. Seis personas. Tres con cámara apagada. Dos comiendo. Una en pijama. Hablan de algo. Algo importante. Algo que podría ser un email. Que fue un email. Que será otro email después. Treinta minutos. Nada se resuelve. Otra reunión. Jueves. Misma hora. Trabajás. Abrís pestañas. Una. Cinco. Doce. Veintidós pestañas. Perdés la que necesitabas. La buscás. Abrís otra. YouTube se coló. Cerrás YouTube. Un algoritmo te recomienda contenido. Un video sobre lo que buscaste ayer. Hace tres días. Hace un mes. Te conoce. Te predice. Sabe qué vas a hacer antes de que lo hagas. Notificación. Email. Slack. WhatsApp. Vibra el teléfono. Lo volteás. Pantalla abajo. Vibra. Lo ignorás. Vibra. Lo agarrás. Instagram. Alguien publicó. Scroll. Una playa. Un restaurante caro. Un gimnasio. Cuerpos perfectos. Vidas perfectas. Viajes perfectos. Tu vida en una silla. Una pantalla. En pestañas abiertas.
11:00 AM
Tenés hambre. No es hora de comer. Comés igual. Galletitas. Las comés en el escritorio. Mirás el teléfono. Scroll. TikTok. Videos cortos. Diez segundos. Quince. Treinta. No recordás ninguno. Viste veinte. Treinta. Cuarenta. No recordás ninguno. Sigue llegando trabajo. Slack. Email. Teams. Alguien necesita algo. Urgente. Para hoy. Para ayer. Todo es para ayer. Respondés. Enviás. Reenviás. CC. BCC. Adjunto. Olvidás el adjunto. Reenviás con adjunto. Perdón. Disculpá. Acá va.
11:30 AM
Meeting. Otra reunión. Las mismas personas. Da igual. Todos dicen lo mismo. Nadie dice nada. Asienten. Toman notas. Nadie lee las notas. Habrá otra reunión.¡
13:00 PM
Comés en el escritorio. Pediste delivery. Llegó frío. Siempre llega frío. Comés mirando el teléfono. Scroll. Twitter. Gente enojada. Gente opinando. Gente cancelando. Gente defendiendo. Gente atacando. Una guerra que no entendés. Dos bandos que no conocés. Todos tienen razón. Nadie tiene razón. Scroll. Noticia. Algo pasó. Algo grave. Muchos muertos. Muchos heridos. Scroll. Un influencer se disculpa. Scroll. Una teoría conspirativa. Scroll. Una promoción. Scroll. Ya olvidaste la noticia. La comida está fría. Terminaste de comer. No recordás qué comiste.
14:00 PM
Más trabajo. Más Slack. Más emails. Más meetings. Perdés la cuenta. Tres. Cinco. Siete reuniones. Todas iguales. Todas inútiles. Todas necesarias. La productividad se mide en reuniones. No en resultados. En horas de Zoom. En horas de silla. Te duele la espalda. Te duelen los ojos. La pantalla demasiado cerca. Demasiado tiempo. Demasiada luz azul. Hay filtros para eso. Apps para eso. Soluciones para eso. No usás ninguna. Seguís mirando. Seguís scrolleando.
16:00 PM
Necesitas café. Bajas a la cafetería. Fila. Todos miran el teléfono. Nadie habla. Pides. Pagas. Vuelves. Café en mano. Pantalla en mano.
18:00 PM
Hora de salir. No salís. Slack. Email. Algo urgente. Siempre algo urgente. Respondés. Enviás. Te quedás. Media hora más. Una hora más. Salís. Siete de la tarde. El subte lleno. Más lleno que a la mañana. Cuerpos. Olores. Cansancio colectivo. Todos exhaustos. Nadie hizo nada. Todos exhaustos. Auriculares. Música. Ya no hay más podcast. Estás harto de las palabras. De información. De optimización. Solo música. Sin letra. Sin mensaje. Solo ruido agradable. Ruido que tapa el ruido.
20:00 PM
Llegás a casa. Una hora de viaje. Una hora de pie. Una hora apretado. Una hora de gente. Abrís la puerta. Silencio. Por fin. Cinco segundos de silencio. El teléfono vibra. WhatsApp. Mensaje del trabajo. A esta hora. Siempre a esta hora. No respondés. Lo vas a ver mañana. Respondés. OK. Perfecto. Mañana lo veo. Cenás delivery. Llegó frío. Comés en el sofá. Abrís Netflix. Scroll. Doscientas opciones. Trescientas opciones. Ninguna opción. Elegís algo. Lo apagás a los diez minutos. No te atrapó. Nada te atrapa. Todo es skippeable. Abrís YouTube. Videos cortos. Shorts. Reels. TikTok. Contenido de sesenta segundos. De treinta. De quince. Contenido que no demanda pensamiento. Contenido diseñado para no demandar nada. Para llenar. Para pasar tiempo. Para no pensar. Querés no pensar en nada. Lo lográs. No pensás en nada. Ves. Scroll. Ves. Scroll. Treinta minutos. Una hora. Dos horas. No recordás qué viste. Viste todo. No viste nada. UX. Diseño. Algoritmo. Todo diseñado. Para capturarte. Para retenerte. Para que no te vayas. Para que sigas. Para que vuelvas. Funciona. Seguís. Volvés. Sos métrica. Sos impresión. Sos tiempo de pantalla. Sos data. Les diste tu atención. Tu tiempo. Tus datos. Tu confianza. Gratis. Completamente gratis. Para que te estudien. Te segmenten. Te predigan. Te manipulen. Para venderte. Para que compres. Para que te endeudes. Para que sigas trabajando. Para pagar. Para comprar. Para trabajar. El inconsciente era territorio. Ahora es producto. Target demográfico. Buyer persona. Engagement rate. Conversion funnel. Freud se volvió UX. El trauma se volvió marca. Diferenciador. Propuesta de valor. Comprás cosas. En cuotas. Doce cuotas. Dieciocho cuotas. Sin interés. Con interés. Da igual. Comprás. Una casa que no podés pagar. Un estilo de vida que no podés mantener. Vacaciones que debés en tarjeta. Ropa que usarás una vez. Aparatos que no necesitás. Suscripciones que olvidás cancelar. Te endeudás. La deuda crece. El interés se acumula. Seguís trabajando. Para pagar. Para poder seguir comprando. Para poder seguir pagando. El círculo es perfecto. El sistema funciona. Vos funcionás. Pero siempre querés algo mejor. Una vida diferente. Una vida que no sea esto. Una vida que no te frustre. Pero estás encerrado. En este instante. En esta vida. En este bucle. Y no podés salir. Porque salir requiere pensar. Y pensar es imposible. Porque siempre hay ruido. Siempre hay notificación. Siempre hay algo. Podrías pensar. Si tuvieras tiempo. Si tuvieras silencio. Si tuvieras espacio. Pero no tenés. No hay. No existe. Y si pudieras pensar. Si tuvieras un segundo. Un minuto. Una hora de silencio verdadero. Pensarías en lo patética que es tu vida. En lo absurdo del ciclo. En lo estúpido de todo. Pero nunca llegás a entender por qué es tan patética. Porque antes de entender llega una notificación. Un mensaje. Un email. Una llamada. Algo. Siempre algo.
Son las once de la noche. Deberías dormir. Mañana trabajás. Temprano. Siempre temprano. Seguís en el teléfono. Scroll. Scroll. Scroll. Once treinta. Doce. Doce treinta. Dormís. El teléfono en la mesa de noche. Cargando. Vibrando. Notificaciones en silencio. Pero llegando. Acumulándose. Esperándote.
Cuatro horas de sueño. Cinco si tenés suerte.
La alarma suena. El teléfono vibra. Tres notificaciones. Siete emails. Doce mensajes sin leer.
6:30 AM
Despertás.
Repetís.